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Otra morocha en los días más difíciles del aislamiento social preventivo y obligatorio. Sin novio y con dos hijas en su depto de capital. Un vecino casado que siempre la miraba y le hablaba y al que ella había rechazado en cada ocasión indaga en un pasillo: "¿Cómo estás sobrellevando la cuarentena? Esta pregunta, criticada con furia viral en la red del odio, supo ser efectiva. Por eso todos la usamos en algún momento de 2020. Ella no responde. Sube al ascensor, él entra con ella. "Dale, contame, sobrevivís?", insiste. "No, está dificíl, por mis nenas no salgo a ningún lado", confiesa. Sabe a qué se refiere la pregunta. La abstinencia la está matando. "No hace falta ir a ningún lado" sugiere él. Al día siguiente la escena se vuelve la repetir, la pregunta retoma la charla anterior;. "¿Y? ¿Lo pensaste? El tema es dónde pero pensalo" Ella responde con silencio. A los tres días una vez más el diálogo en el ascensor y la misma pregunta. Está vez ella contesta sin dudar: "A la 21 en el estacionamiento". El lleva las llaves de su auto. No necesitan violar la ASPO. Ella lo había pensando muy bien.