martes, 4 de julio de 2023

Pame AI


La inteligencia artificial me ayudó a convertir la charla que tuve con mi amiga en un relato para que disfruten. 

Me llamo Pamela y quiero compartir una experiencia que viví cuando tenía veintitantos años. Recuerdo claramente aquel día en el subte de Buenos Aires, mientras viajaba hacia la terminal cabecera en Catedral.

Estaba de novia en ese momento, pero aquella tarde no iba con mi novio. El subte solía llenarse mucho en esa ruta, especialmente desde Palermo hasta Tribunales o Facultad de Medicina. Siempre era un desafío encontrar un poco de espacio para moverse.

Esa tarde en particular, me encontraba cerca de la puerta de entrada en Palermo. De repente, subió más gente y nos apretujamos aún más. Estábamos todos tan pegados que apenas podía moverme. Fue en ese momento cuando empecé a sentir un roce de mano en mi cola.

Mis brazos estaban adelante, uno sosteniendo mi cartera y el otro tratando de evitar que el antebrazo del chico frente a mí rozara mis lolas. Al principio, pensé que sería solo un roce pasajero sobre mi pollera corta, así que traté de acomodarme de forma diferente. Pero fue en vano, la situación solo empeoraba.

El roce se intensificaba cada vez más, hasta que dejó de ser solo un roce y se convirtió en una mano que se posaba en mi trasero. Traté de reaccionar, pero me sentía atrapada en medio de la multitud y no podía moverme. La mano continuó avanzando y terminó debajo de mi pollera.

En ese momento, sentí una mezcla de duda y nerviosismo. No sabía qué hacer frente a esa situación incómoda. El chico frente a mí parecía darse cuenta de lo que estaba sucediendo y hasta se rió, acomodando su brazo de manera que sus manos rozaran aún más mis lolas.

Intenté cerrar las piernas lo más que pude y busqué desesperadamente alguna forma de protegerme. Pero era inevitable, sentía dedos tratando de llegar a mi entrepierna. Incluso me agarraban los cachetes del trasero y aquel chico de adelante rozaba sus nudillos por mis lolas.

Finalmente, llegó mi parada y me bajé del subte. Sentía una mezcla de alivio y angustia por lo que había sucedido. Al llegar a la oficina, necesitaba despejar mi mente, así que fui al baño y me di un momento de intimidad para calmar mis emociones.

Afortunadamente, no llegaron a tocarme en mi conchita en ningún momento. Si eso hubiera sucedido, no sé cómo habría reaccionado. Pero todo el episodio fue suficiente para dejarme muy mojada y excitada. Fue una situación extraña y perturbadora, pero a pesar de todo, logré superarla




No hay comentarios: