martes, 4 de julio de 2023

Marido Tímido

Otro relato que me contaron el chat y que la IA ayudó a hacerlo publicable. Lo tenía guardado desde hace mucho y hace una semana volví a hablar con el amigo. Sigue en la misma. Demasiado cobarde para dar el siguiente paso.

Una vez di un paso más y fue muy excitante, pero después me costó mucho. Los celos me mataron. En un bar, sin planear nada, sucedió algo que me puso medio caliente. Mi esposa masturbó a un tipo mientras yo estaba a su lado. 

Después de ese encuentro, los celos me invadieron y no quería saber nada al respecto. Mi esposa pensaba que yo también quería participar, pero en realidad me sentía incómodo con la situación. Ella decía que pensaba que yo estaba interesado, pero la verdad es que me costó mucho aceptarlo.

La situación en el bar comenzó cuando estábamos sentados cerca de un tipo en la barra. Comenzamos a charlar y él se quedó con nosotros. Había chistes sexuales, pero no me imaginé que estaban coqueteando. Fui al baño en un momento y cuando volví, los vi mirando algo en el celular. Era extraño, pero no dije nada. Me senté y comencé a hablar nerviosamente, hasta que me di cuenta de que debajo de la mesa ella estaba masturbando al tipo. En ese momento me quedé callado, sintiéndome como un tonto.

Sí, tenía la pija afuera debajo de la mesa. Fue una situación bastante explícita, pero no te miento. Después de eso, el tipo nos invitó a seguir la diversión en otro lugar, pero no quisimos. Decidimos dejarlo ahí.

Después de ese encuentro, mi esposa me contó cómo se dio y lo que veían en el celular. No era nada pornográfico, solo alguna excusa para acercarse más. También me dijo que se rozaban y que el tipo le puso la mano en la pija. Terminó masturbándolo y luego se limpió la mano con una servilleta.

En ese momento, me sentí celoso y confundido. Pero con el tiempo, esos celos han desaparecido. No sé cómo explicarlo, es extraño. No sé si me animaría a hacerlo de nuevo, pero lo tengo en cuenta. Si algo así sucediera, preferiría que fuera con un desconocido.

Mi esposa a veces bromea con otros para ver cómo reacciono, pero no es que necesite que yo simule mucho. Soy yo el que no se anima a poner más picante en la relación. Ella está dispuesta, lo sé, pero no sé si me animo a explorar más.

A veces, en reuniones de amigos, ella hace comentarios para ponerme celoso, como decir que tal persona es muy toquetón. Pero no me afecta tanto como antes. Antes de la cuarentena, una vez se dejó apoyar en un subte y esa historia no me puso celoso. Parece que ella es una mujer normal y que lo que me contó en el bar la encendió.

Me contó que el tipo la arrimó en el subte y ella se dejó. Regresó a casa excitada. Pero tampoco es que hicieron mucho, solo fue un roce en un subte lleno. Pero entiendo que eso pueda encenderla.

Pame AI


La inteligencia artificial me ayudó a convertir la charla que tuve con mi amiga en un relato para que disfruten. 

Me llamo Pamela y quiero compartir una experiencia que viví cuando tenía veintitantos años. Recuerdo claramente aquel día en el subte de Buenos Aires, mientras viajaba hacia la terminal cabecera en Catedral.

Estaba de novia en ese momento, pero aquella tarde no iba con mi novio. El subte solía llenarse mucho en esa ruta, especialmente desde Palermo hasta Tribunales o Facultad de Medicina. Siempre era un desafío encontrar un poco de espacio para moverse.

Esa tarde en particular, me encontraba cerca de la puerta de entrada en Palermo. De repente, subió más gente y nos apretujamos aún más. Estábamos todos tan pegados que apenas podía moverme. Fue en ese momento cuando empecé a sentir un roce de mano en mi cola.

Mis brazos estaban adelante, uno sosteniendo mi cartera y el otro tratando de evitar que el antebrazo del chico frente a mí rozara mis lolas. Al principio, pensé que sería solo un roce pasajero sobre mi pollera corta, así que traté de acomodarme de forma diferente. Pero fue en vano, la situación solo empeoraba.

El roce se intensificaba cada vez más, hasta que dejó de ser solo un roce y se convirtió en una mano que se posaba en mi trasero. Traté de reaccionar, pero me sentía atrapada en medio de la multitud y no podía moverme. La mano continuó avanzando y terminó debajo de mi pollera.

En ese momento, sentí una mezcla de duda y nerviosismo. No sabía qué hacer frente a esa situación incómoda. El chico frente a mí parecía darse cuenta de lo que estaba sucediendo y hasta se rió, acomodando su brazo de manera que sus manos rozaran aún más mis lolas.

Intenté cerrar las piernas lo más que pude y busqué desesperadamente alguna forma de protegerme. Pero era inevitable, sentía dedos tratando de llegar a mi entrepierna. Incluso me agarraban los cachetes del trasero y aquel chico de adelante rozaba sus nudillos por mis lolas.

Finalmente, llegó mi parada y me bajé del subte. Sentía una mezcla de alivio y angustia por lo que había sucedido. Al llegar a la oficina, necesitaba despejar mi mente, así que fui al baño y me di un momento de intimidad para calmar mis emociones.

Afortunadamente, no llegaron a tocarme en mi conchita en ningún momento. Si eso hubiera sucedido, no sé cómo habría reaccionado. Pero todo el episodio fue suficiente para dejarme muy mojada y excitada. Fue una situación extraña y perturbadora, pero a pesar de todo, logré superarla